dimecres 21 de desembre de 2011

Madona de Foligno. Raffaello Sanzio

Recuerdo la primera vez que vi esta obra de arte, allá por el 1972 en una placa de porcelana, un regalo que mi tía Margarita trajo a su madre desde Roma. Siempre que entraba en la habitación de mi abuela me quedaba absorto contemplándola. Tal vez fuera por la carga de azul, mi color por excelencia, quizás por San Francisco de Asís. Tanto el donante como el Bautista son dos espectros de Chejov, nunca me cayeron simpáticos, me preguntaba porque los puso Rafael ahí. Uno de mis primos siempre decía que el Bautista era realmente Rod Stewart , y el donante con acompañante “dos sachineros”. El paisaje creo que es maravilloso, un magnifico locus amoneus con tormenta incluida, sin contar con ese cielo celestial cargado de puttis azzurros , los pitufos del Vaticano.

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